domingo, abril 29, 2007


Nunca pensó que podrían enloquecerle aún más, no creía poder perder aún más la cordura por aquellos ojos que lujuriosos le deseaban, enmarcando el rostro donde se encontraba aquella fuente de placer que erizaba su piel y su alma recorriendo cadenciosa el valle de su ombligo.Sus manos se habían afanado en cubrir cada poro de la sudorosa y ardiente piel que le cubría y cuyo aroma hacía tiempo atesoraba como la esencia de su deseo.Aquella mujer conocía su cuerpo como sus más oscuras fantasías y tras una vez más haber cruzado las puertas del éxtasis de su mano, el suave contoneo de unas caderas extrañamente familiares le anunciaba sorprendido el nuevo viaje que emprenderían en una trinidad de suspiros al culmen del placer.La suavidad de su nueva invitada a la bacanal de gemidos acariciaba su virilidad hasta convertirla en el objeto de veneración en la lucha de dos lenguas sedientas de pasión.El incuestionable placer del dolor tapizó sus sentidos con una estoica espera antes la alentadora visión del baile de curvas, esencias, caricias y suspiros que las diosas de su olimpo regalaban en el lecho de ahogados gemidos por lenguas insaciables.Cubiertas de morbo y sensualidad caminaron hacia él como impuro vestal en sacrificio a los carnales dioses del amor.Sus manos fueron encadenadas a los por él vírgenes pechos de aquella ambiciosa mujer, que cabalgaba sin pudor en busca de su esperado placer, su boca se enfrentaba a sus labios, inundados del calor de su pasión, su piel se fundía con ella, exhalando los mortales hedores de una infernal representación.En manos de sus dueñas , solo rescatado por el adorado sabor de quien en aras del amor le regaló esta carnal ilusión resurgió y se resistió a acabar con total sumisión, cubriendo cual leona a la fiera que hacía mucho le enloqueció, embistiendo con agradecido furor , besando y domando sin control a quien a zarpazos conquistó su corazón.Una sinfonía de gemidos, suspiros, quejidos y calor dieron fin a aquel festín de pasión y recostado entre curvas y saciado hasta morir volvió a perderse en los ojos sin los que no quería vivir

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